LA RUTA DEL SABOR








NUESTRA HISTORIA
Paul y Raúl eran dos amigos inseparables, unidos por una pasión que iba más allá del desayuno: el café. Paul, catador empedernido con libreta en mano, vivía analizando cada sorbo como si estuviera juzgando una obra de arte. Raúl, tostador entusiasta, soñaba con descubrir granos únicos para crear mezclas legendarias. Un día, después de compartir una taza más buena de lo normal, se miraron y dijeron lo inevitable:
—¿Y si buscamos el mejor café de todo México?
Así nació La Ruta del Sabor, una travesía que iniciaría por el oeste del país, en un lugar donde el mar besa las montañas: Nayarit.
Viajaron hasta una pequeña finca en las alturas de Ahuacatlán, rodeada de árboles, niebla matutina y una calma que se respiraba en cada rincón. Allí los recibió una mujer sabia que les sirvió un café oscuro con aroma a vainilla, caña y cacao. Paul lo olió, cerró los ojos y sonrió. Raúl dio un sorbo… y quedó en silencio.
Y como si el destino quisiera confirmar su descubrimiento, en la tarde, mientras caminaban por la costa, algo apareció en el horizonte. Un tiburón ballena, sereno y gigantesco, emergió del agua como una aparición sagrada. Nadie más parecía verlo. Solo ellos.
—¿Eso es una señal? —preguntó Paul, con una gota de café en el bigote.
—Definitivamente lo es —respondió Raúl—. Y este café… es otra.
El grano nayarita los había conquistado. Tenía el cuerpo, la dulzura, el alma. Pero aunque se sintieron tentados a detener su búsqueda ahí mismo, sabían que este era solo el primer paso. Aún quedaban muchas tierras por recorrer, y muchos granos por descubrir.
Mientras empacaban sus mochilas con muestras y recuerdos, Paul miró su mapa, donde ya había marcado sus próximas paradas: Oaxaca, Chiapas, Veracruz… tierras de historia, café y misterio.
—Esto apenas comienza —dijo Raúl, sirviendo una última taza.
—La historia continuará —agregó Paul, levantando su libreta—, taza por taza.
